Hay un tipo de error que no procede del descuido, sino del esfuerzo. Aparece en informes bien intencionados, en tesis defendidas con solvencia, en sentencias redactadas por juristas competentes y en artículos firmados por periodistas con oficio. No es un tropiezo de ortografía ni una falta de concordancia: es una decisión estilística equivocada, tomada con la mejor intención y repetida hasta convertirse en costumbre.
Hablamos del uso de los pronombres relativos. Más concretamente, del reflejo casi automático de sustituir que por el cual, la cual, quien o el mismo siempre que el texto pretende sonar formal. El resultado es un español que nadie habla y que casi nadie lee con gusto: correcto en apariencia, pesado en la práctica.
El abuso del relativo culto no es un problema de ignorancia, sino de inseguridad: se escribe difícil por miedo a que lo fácil parezca pobre.
Este artículo no se limita a enumerar reglas. Su propósito es explicar cómo funciona realmente el sistema de relativos del español, por qué se ha extendido su mal uso incluso entre profesionales con formación universitaria, y qué criterios aplica un corrector de estilo cuando decide entre una forma y otra.
1. Qué son realmente los pronombres relativos
Un pronombre relativo cumple dos funciones a la vez, y ahí reside toda su dificultad. Por un lado, sustituye a un elemento ya mencionado —el llamado antecedente— y evita repetirlo. Por otro, introduce una oración subordinada y desempeña dentro de ella una función sintáctica propia: sujeto, complemento directo, complemento circunstancial, etcétera.
Obsérvese esta pareja de oraciones simples:
En la segunda versión, que hace dos cosas simultáneamente: remite a el informe —su antecedente— y funciona como sujeto del verbo se presentó. Esa doble naturaleza, pronominal y conjuntiva, es lo que distingue a los relativos de cualquier otro nexo.
El inventario del español es corto. Los relativos son: que, quien/quienes, cuyo/cuya/cuyos/cuyas, el cual/la cual/los cuales/las cuales, cuanto/cuanta/cuantos/cuantas, y los adverbiales donde, cuando, como.
Los relativos no son sinónimos intercambiables. Cada uno impone condiciones sobre el tipo de antecedente que admite, sobre su compatibilidad con preposiciones y sobre el registro en que resulta natural. Elegir mal no siempre produce una incorrección: con frecuencia produce algo peor, que es una frase gramaticalmente válida pero estilísticamente torpe.
Especificativas y explicativas: la coma que cambia el sentido
Antes de seguir conviene fijar una distinción que muchos redactores tratan como un asunto de puntuación cuando en realidad es de significado.
La primera es especificativa: restringe el conjunto. Solo algunos alumnos aprobaron, y solo esos recibirán el diploma. La segunda es explicativa: informa de que todos aprobaron y todos recibirán el diploma. Las dos son correctas; dicen cosas distintas. Poner o quitar esas comas no es un detalle tipográfico: modifica lo que la oración afirma. En un contrato o en una sentencia, esa diferencia tiene consecuencias.
2. Por qué «que» sigue siendo el relativo por excelencia
Existe una idea difundida —nunca formulada explícitamente, pero operativa en muchas redacciones— según la cual que sería una forma pobre, coloquial, propia del habla descuidada, mientras que el cual pertenecería al registro elevado. Esa idea es falsa.
Que es el relativo más antiguo, más frecuente y más versátil del español. Admite antecedentes de persona, de animal, de cosa y de concepto. Funciona como sujeto, como complemento directo y, precedido de artículo, como término de preposición. La Nueva gramática de la lengua española lo describe como el relativo de uso general, y no le atribuye ninguna marca de informalidad.
Un texto profesional bien escrito usa que en la inmensa mayoría de sus oraciones de relativo. No porque el autor renuncie a la precisión, sino porque la precisión no depende del tamaño del nexo.
Escribir «el cual» donde bastaba «que» no eleva el registro: solo añade tres sílabas y una pausa que el lector no necesitaba.
3. El abuso de «el cual»
El fenómeno es reconocible. En cuanto un texto entra en terreno formal —un informe, una tesis, un escrito judicial—, que empieza a desaparecer y su lugar lo ocupa el cual, sin que medie ninguna razón sintáctica.
Además de innecesarias, estas construcciones incurren en un problema añadido: en oraciones especificativas, «el cual» no se admite sin preposición. Es decir, no se trata solo de que suene mal, sino de que la norma lo rechaza. La Nueva gramática es explícita: el relativo compuesto sin preposición queda restringido a las oraciones explicativas.
«El cual» sin preposición solo es admisible en oraciones explicativas, entre comas: «El informe, el cual firmó el perito, se presentó ayer». En oraciones especificativas —sin comas— es incorrecto: «el informe el cual firmó el perito». Ahí solo cabe «que».
4. Cuándo debe emplearse realmente «el cual»
El cual no es una forma proscrita. Es una herramienta con tres usos legítimos, y en esos contextos resulta insustituible.
a) Después de preposición, sobre todo si es bisílaba o compuesta
Con preposiciones monosílabas (a, de, en, con, por), el español prefiere el sencillo el que. Pero con preposiciones más largas o con locuciones prepositivas, el cual se impone con naturalidad.
b) Para deshacer una ambigüedad
Cuando hay dos antecedentes posibles y que no permite distinguirlos, el relativo compuesto —que sí marca género y número— resuelve la duda.
En la primera versión no se sabe si lo incompleto era el anexo o el contrato. En la segunda, la concordancia masculina de el cual y la coma señalan el antecedente. Si lo incompleto fuera el contrato, escribiríamos el cual igualmente, pero la ambigüedad persistiría; en ese caso convendría reescribir la frase por completo.
c) En incisos explicativos largos
Cuando entre el antecedente y el relativo se interpone bastante material, el lector puede perder el hilo. Un relativo con marca de género y número le devuelve la referencia.
5. «Quien» frente a «el cual»: la restricción que casi nadie respeta
Quien tiene una restricción categórica: exige antecedente de persona o de entidad personificada. No admite cosas, ni conceptos, ni instituciones tratadas como objetos.
Hay una segunda restricción, menos conocida y muy incumplida: «quien» no puede introducir una oración especificativa sin preposición. No decimos «el perito quien firmó», sino «el perito que firmó». Quien solo aparece libremente en explicativas o precedido de preposición.
6. «Cuyo»: el relativo que se está perdiendo
Mientras el cual se usa de más, cuyo se usa de menos. Y su desaparición empobrece el idioma, porque no tiene sustituto directo.
Cuyo es un relativo posesivo. Su particularidad —y la razón de que muchos lo eviten— es que concuerda con lo poseído, no con el poseedor.
Ante la duda, muchos redactores recurren a una perífrasis que la norma rechaza sin matices: el llamado quesuismo.
«Cuyo» no equivale a «del cual» en todos los contextos, ni admite el uso puramente temporal que a veces se le da («llegó a las ocho, cuyo momento aprovechó»). Es posesivo: exige una relación de pertenencia real entre el antecedente y el sustantivo al que acompaña.
7. El abuso de «el mismo»
Si hubiera que señalar una sola construcción como emblema del estilo burocrático, sería esta. El mismo y sus variantes se han convertido en el comodín anafórico de la redacción administrativa.
El Diccionario panhispánico de dudas es inusualmente directo al respecto: advierte que este empleo de mismo como mero elemento de referencia «no está justificado» y responde a un «prurito de precisión» mal entendido. No es agramatical, pero sí desaconsejable en cualquier texto que aspire a leerse con fluidez.
Lo revelador es que casi siempre existe una solución más breve, y con frecuencia esa solución consiste en no poner nada:
8. La falsa elegancia lingüística: el mecanismo de la hipercorrección
Todos estos errores comparten un origen común, y no es la ignorancia. Es la hipercorrección: el fenómeno por el cual un hablante, al intentar ajustarse a una norma que percibe como prestigiosa, la sobrepasa y produce una forma que la propia norma no admite.
El mecanismo psicolingüístico es sencillo de describir. El redactor asocia complejidad formal con calidad intelectual. De esa premisa deduce que si que es corto y frecuente, y el cual es largo e infrecuente, el segundo debe de ser mejor. La deducción es lógica y es falsa: la frecuencia de una palabra no dice nada sobre su corrección, y la extensión de un nexo no aporta precisión por sí sola.
La hipercorrección delata exactamente aquello que pretendía ocultar: la inseguridad del que escribe.
Conviene subrayar un punto incómodo. Este fenómeno no afecta a quienes escriben poco, sino a quienes escriben con responsabilidad y sin formación sintáctica explícita: al abogado que redacta un escrito importante, al funcionario que firma una resolución, al doctorando que entrega su tesis. Precisamente porque el texto importa, se recurre a lo que suena solemne.
9. La herencia del lenguaje administrativo
Ninguna de estas construcciones se inventó en el vacío. Casi todas proceden de un modelo real: el lenguaje jurídico-administrativo, donde tuvieron —y en parte conservan— una justificación.
En un texto legal, la redundancia referencial no es un defecto: es una garantía. Repetir el sustantivo, marcar el género del relativo o explicitar el antecedente evita interpretaciones divergentes. Un contrato ambiguo se litiga; una sentencia ambigua se recurre.
El problema surge cuando ese modelo se exporta a contextos que no lo necesitan. Un informe de gestión, un artículo de divulgación o el capítulo de una tesis no requieren blindaje jurídico: requieren claridad. Al importar el estilo sin importar sus razones, se hereda el peso sin heredar la función.
Antes de mantener una construcción de este tipo, pregúntese si su texto necesita resistir una interpretación adversa ante un tribunal. Si la respuesta es no, el estilo administrativo no le aporta nada: solo le resta lectores.
10. La inseguridad lingüística
Existe una última causa, más difícil de admitir y probablemente la más determinante: muchos profesionales no analizan sintácticamente lo que escriben, porque nunca aprendieron a hacerlo o porque hace décadas que no lo practican.
Sin ese análisis, no hay forma de decidir con criterio. ¿Es especificativa o explicativa? ¿El antecedente es humano? ¿Hay preposición? ¿Cuál es el sujeto de la subordinada? Quien no puede responder a esas preguntas no elige el relativo: lo adivina. Y ante la duda, la estrategia más común es elegir la forma que parece más segura por ser más formal.
De ahí que el remedio no sea memorizar una lista de prohibiciones, sino recuperar el hábito de mirar la oración por dentro.
11. Treinta casos comentados
A continuación se analizan treinta oraciones tomadas de contextos profesionales reales —informes, tesis, escritos administrativos y textos periodísticos—, ligeramente adaptadas. De cada una se ofrece el análisis, la corrección y su motivo.
Sustitución automática de «que»
Oración especificativa sin preposición: el relativo compuesto no se admite en este contexto. Además, «que» basta porque no hay ambigüedad ni antecedente en competencia.
Mismo error. «Los cuales» funciona aquí como complemento directo de «analizamos» en una especificativa, posición reservada a «que».
Frecuente en tesis. La forma compuesta añade dos sílabas y ninguna información.
Antecedente humano y oración especificativa: corresponde «que». Ni «el cual» ni «quien» son admisibles sin comas.
La concordancia de «las cuales» no resuelve ninguna ambigüedad, porque «el consejo» es singular y no compite como antecedente.
Si la intención era explicativa, basta la coma y «que». El relativo compuesto sigue siendo innecesario.
Cuándo el relativo compuesto es la mejor opción
Doble corrección: la locución «en base a» es censurada por la norma, y con locución prepositiva el relativo compuesto es el natural.
«De acuerdo con», no «de acuerdo a»; y locución prepositiva más relativo compuesto.
Correcto. «Ante» es bisílaba y pide el relativo compuesto: «ante la que» resultaría forzado.
Correcto. Con «durante», el relativo compuesto es la forma asentada.
Aquí «que» dejaba en duda si lo abusivo era la cláusula o el anexo. La concordancia femenina de «la cual» lo resuelve.
Inciso largo con dos antecedentes posibles. El relativo compuesto ancla la referencia en «el acuerdo».
La restricción del antecedente humano
«Quien» exige antecedente de persona. Una institución, aunque la formen personas, es gramaticalmente una cosa.
Mismo problema en una construcción enfática. «El que» resuelve sin violar la restricción.
Especificativa sin preposición: «quien» no cabe aunque el antecedente sea humano.
Correcto, pero cambia el sentido: ahora todos entregaron a tiempo y todos aprobaron.
Perífrasis posesiva innecesaria. El español dispone de un relativo específico para la posesión.
Correcto: antecedente humano y preposición. Aquí «quien» es preferible a «que».
El comodín de la redacción administrativa
Una oración de relativo sustituye dos frases y elimina el anafórico.
El pronombre átono «la» hace el trabajo con dos letras.
La referencia se sobreentiende; explicitarla no añade precisión.
«Cuyo» expresa la posesión con exactitud y funde las dos oraciones.
Con preposición, el relativo es la solución natural.
Correcto: aquí «mismo» es un adjetivo identificativo con su valor pleno, no un sustituto pronominal.
Quesuismo, dequeísmo y relativos adverbiales
Quesuismo. La perífrasis es una marca clara de registro descuidado.
La preposición correcta es causal, no «de». Aquí el relativo compuesto está plenamente justificado.
«Donde» ya incorpora el valor locativo; la preposición es redundante.
Duplicación de nexo, frecuente en la lengua oral y sin cabida en la escrita.
El relativo ya funciona como complemento directo: añadir «los» lo duplica.
Dos correcciones: relativo compuesto improcedente en especificativa, y «requerir» es transitivo, no exige preposición.
12. Tabla comparativa de los relativos
| Relativo | Antecedente | Restricciones | Registro | Error frecuente |
|---|---|---|---|---|
| que | Persona, animal, cosa, concepto | Prácticamente ninguna. Con preposición requiere artículo: «en el que» | General, todos los niveles | Evitarlo por parecer poco culto |
| quien / quienes | Solo persona o entidad personificada | No admite especificativas sin preposición | Culto y neutro | «La empresa quien…» |
| el cual | Persona, animal, cosa | No admite especificativas sin preposición | Formal, escrito | Sustituir a «que» sin motivo |
| cuyo / cuya | Persona, animal, cosa | Concuerda con lo poseído, no con el poseedor | Culto, plenamente vigente | Sustituirlo por «que su» (quesuismo) |
| donde | Lugar | Ya incluye el valor locativo | General | «En donde» redundante |
| cuando | Tiempo | No se combina con otro nexo | General | «Cuando que» |
| cuanto | Cantidad | Sin antecedente expreso | Culto, poco frecuente | Confundirlo con «todo lo que» |
13. Cómo decide un corrector profesional
Ante una oración de relativo, un corrector con formación filológica no consulta una lista: aplica una secuencia de preguntas. El orden importa, porque cada respuesta descarta opciones.
- 1.¿La oración es especificativa o explicativa?Si es especificativa y no hay preposición, la respuesta está cerrada: «que». Ni «el cual» ni «quien» son admisibles.
- 2.¿Hay preposición?Si la hay y es monosílaba, «el que» suele bastar. Si es bisílaba o forma parte de una locución, «el cual» es la opción natural.
- 3.¿El antecedente es humano?Solo entonces entra «quien» en la baraja, y aun así con las restricciones ya vistas.
- 4.¿Existe ambigüedad real?Si dos antecedentes compiten y difieren en género o número, el relativo compuesto la resuelve. Si no compiten, no hace falta.
- 5.¿Hay una relación de posesión?Si el sentido es «de él», «de ella», «de ellos», corresponde «cuyo». Nunca «que su».
- 6.¿Se puede suprimir la subordinada?Muchas veces la mejor corrección no es cambiar el relativo, sino reescribir la frase sin él.
La última pregunta es la más productiva: no «¿qué relativo pongo?», sino «¿necesito de verdad una oración de relativo aquí?».
14. Consejos prácticos
- ✓Use «que» por defectoParta siempre de la forma sencilla y cámbiela solo si una razón concreta lo exige. La carga de la prueba recae sobre el relativo largo, no sobre el corto.
- ✓Lea la frase en voz altaSi no la diría así hablando con un colega culto, probablemente no deba escribirla así. La lengua oral formal es un buen filtro contra la hipercorrección.
- ✓Busque «el mismo» y «la misma» en su documentoRevise cada aparición. En la mayoría de los casos podrá suprimirla o sustituirla por un pronombre átono.
- ✓Compruebe las comas de sus relativasAntes de discutir qué relativo usar, asegúrese de que la puntuación dice lo que usted quiere decir.
- ✓Recupere «cuyo»Es preciso, breve y plenamente vigente. Evitarlo por inseguridad empobrece el texto y suele conducir al quesuismo.
- ✓Reserve el estilo administrativo para los documentos administrativosUn informe de gestión no gana autoridad por parecer una resolución ministerial.
15. Conclusión
La precisión no se mide en sílabas
El abuso de «el cual», «quien» y «el mismo» no procede del desconocimiento de las reglas, sino de una creencia equivocada sobre qué hace culto a un texto. La buena escritura profesional no consiste en emplear palabras más difíciles, sino en seleccionar la estructura más precisa, natural y adecuada para cada contexto. Un texto que se lee sin esfuerzo no es un texto simple: es un texto en el que alguien hizo el trabajo de pensar la sintaxis para que el lector no tenga que hacerlo.
Recuperar el uso natural de los relativos no exige memorizar excepciones. Exige volver a mirar la oración: identificar el antecedente, decidir si la subordinada restringe o explica, comprobar si hay preposición y preguntarse si la construcción resiste una lectura en voz alta. Esas cuatro operaciones resuelven la inmensa mayoría de los casos.
Y cuando la duda persiste, conviene recordar la solución que casi nunca se contempla: reescribir la frase sin relativo. Con frecuencia es la mejor de todas.
Preguntas frecuentes
Si le interesa profundizar, puede continuar con nuestros artículos sobre la concordancia entre sujeto y verbo, las estructuras complejas de la oración y en qué consiste la corrección de estilo.