Cuando se discute sobre lenguaje inclusivo, la arroba, la equis y la terminación en -e aparecen en la misma frase y reciben la misma respuesta. Es un error de análisis, porque son fenómenos de naturaleza distinta y cada uno merece un examen propio.
La diferencia decisiva es esta: la arroba y la equis solo existen en la escritura. No corresponden a ningún sonido y, por tanto, no son palabras: son marcas gráficas sobre palabras. La terminación en -e, en cambio, es una innovación de otro orden: se pronuncia y se aplica al artículo, al sustantivo y al adjetivo, de modo que aspira a comportarse como un morfema del idioma. Tampoco pertenece a la norma, pero el motivo por el que queda fuera no es el mismo.
Esa distinción cambia todo el análisis. Vamos uno por uno.
La arroba: un símbolo que no es una letra
La arroba fue el primero de los tres en aparecer, hacia finales de los años noventa, y su lógica era visual: el signo parece contener a la vez una a y una o, de modo que l@s niñ@s se leería como una superposición de las niñas y los niños.
La Ortografía de la lengua española es explícita al respecto: la arroba no es un signo lingüístico. Es un símbolo de origen comercial, reciclado por la informática para las direcciones de correo, que no representa ningún fonema del español ni pertenece al abecedario. Escribir con ella equivale a insertar en mitad de una palabra un carácter que el sistema de escritura no reconoce.
Es que l@s no es una palabra. No hay forma de decirla, no hay forma de deletrearla y no hay forma de que un programa la interprete como el sustantivo que pretende ser. Un texto escrito así no puede leerse en voz alta sin que quien lo lee elija una de las dos versiones —y al elegir, deshace exactamente el efecto que se buscaba.
Hay además un argumento que suele pasarse por alto: la arroba solo funciona con palabras cuyo par sea -o / -a. Falla en cuanto el léxico se complica.
La equis: el mismo problema, agravado
La equis llegó después, con origen en el activismo anglófono —de donde procede la forma Latinx— y se difundió en español sobre todo en ámbitos universitarios y militantes. Su intención era corregir una limitación de la arroba: al no evocar visualmente una a y una o, no queda restringida al sistema binario.
Pero hereda el defecto central y añade uno propio. La secuencia todxs no solo es impronunciable: rompe la estructura silábica. En l@s el lector todavía reconoce la silueta de la palabra; en lxs se encuentra con un grupo consonántico que el español no admite en ninguna posición.
Esa diferencia, que parece menor, tiene consecuencias muy concretas en el procesamiento automático del texto, como veremos enseguida.
La terminación en -e: por qué queda fuera por otras razones
Aquí conviene describir con precisión, porque el caso es distinto de los dos anteriores y conviene rebatirlo con los argumentos que corresponden. La conclusión es la misma —queda fuera de la norma—, pero el camino no.
La terminación en -e —todes, amigues, les niñes, con el pronombre elle— es una innovación difundida sobre todo desde el Río de la Plata a partir de finales de la década de 2010. A diferencia de la arroba y la equis, se puede pronunciar y se transmite en la conversación, de manera que su discusión pertenece al terreno de la lengua y no al de la tipografía. Ni el Libro de estilo de 2018 ni ninguna otra obra académica la recogen.
Esto significa que pertenece a una categoría distinta de la arroba y la equis, no que esté más cerca de la norma. El Libro de estilo de la lengua española según la norma panhispánica, publicado por la RAE y la ASALE en 2018, descarta los tres recursos por igual, y ninguna obra académica recoge la terminación en -e como forma del español. La diferencia es de naturaleza, no de aceptación: el obstáculo que encuentra este morfema es lingüístico, mientras que el de los otros dos es, antes que nada, gráfico.
La arroba y la equis no son lengua: son marcas dibujadas sobre la lengua. La terminación en -e sí se pronuncia, y por eso hay que rebatirla con argumentos lingüísticos y no tipográficos.
Los tres obstáculos estructurales del morfema -e
La colisión con formas existentes
El español ya usa la -e final en abundancia, y muchas de esas casillas están ocupadas. Jefe es un masculino con femenino jefa; presidente convive con presidenta; estudiante ya es común en cuanto al género y no necesita nada.
El choque más serio se produce con el artículo y el pronombre. Les es, desde siempre, el pronombre de dativo plural: «les dije la verdad». Emplearlo además como artículo —«les niñes»— crea una ambigüedad estructural en un punto muy sensible de la gramática.
La cadena de concordancia completa
Un morfema nuevo de género no se limita al sustantivo: obliga a rehacer artículos, demostrativos, cuantificadores, posesivos, adjetivos y participios. Es una intervención en el núcleo del sistema, no un añadido léxico.
Seis piezas modificadas en una sola oración. Ese es el alcance real de la propuesta, y explica por qué su implantación es lenta incluso entre quienes la defienden: mantenerla de forma consistente en un texto largo exige un esfuerzo considerable.
La cobertura desigual del léxico
Funciona con limpieza en las palabras cuyo par es -o / -a: amigues, chiques, vecines. No ofrece solución clara cuando el masculino ya termina en -e (estudiante, cantante, gerente), cuando la alternancia es otra (actor / actriz, alcalde / alcaldesa) o cuando la palabra es invariable (periodista, artista).
Un sistema que cubre una parte del vocabulario y deja el resto sin regla no puede sostener por sí solo un documento entero: obliga a mezclar recursos, y la mezcla es lo que un corrector detecta primero.
El episodio de «elle»
Conviene aclarar un malentendido muy repetido. En octubre de 2020 la RAE incorporó elle a su Observatorio de palabras, una sección de su web que registra términos sobre los que se reciben consultas frecuentes y que declara de forma expresa que su inclusión no implica aceptación ni recomendación. La entrada se retiró pocos días después, ante la confusión que había generado.
Ni la incorporación fue una aprobación ni la retirada fue una condena. El Observatorio nunca ha sido una antesala del diccionario. Quien cite el episodio en cualquiera de las dos direcciones está citando mal.
El argumento de la accesibilidad
Este es el punto que menos se discute y el que más peso tiene en la práctica profesional, porque no depende de ninguna postura sobre el género: depende de si el documento llega o no a quien tiene que leerlo.
Los lectores de pantalla —el software que utilizan las personas ciegas o con baja visión— convierten el texto en voz aplicando las reglas fonéticas del idioma. Cuando encuentran un carácter que esas reglas no contemplan, hacen una de tres cosas: lo nombran, lo deletrean o lo omiten. Ninguna de las tres devuelve la palabra que el autor quería.
Lo que se escribe / lo que se oye
La terminación en -e es la única de las tres que un lector de pantalla puede verbalizar, sencillamente porque es una secuencia de letras pronunciable. Eso no la acerca un paso a la norma —sigue sin figurar en ninguna obra académica—; solo indica que, para descartarla, el argumento de la accesibilidad no sirve y hay que acudir a los tres obstáculos gramaticales que acabamos de ver.
El problema no afecta solo a las personas ciegas. Alcanza a un conjunto amplio de lectores y de sistemas:
- →Lectura asistida por dislexia. Los caracteres insertados en mitad de la palabra rompen el reconocimiento global de la forma escrita, que es justamente la estrategia de lectura más frágil en estos casos.
- →Lectura fácil. Las pautas de elaboración de documentos en lectura fácil —recogidas en normas técnicas como la UNE 153101— exigen palabras completas y frases simples. La arroba y la equis quedan excluidas por definición.
- →Personas que aprenden español. Quien está adquiriendo el idioma no puede inferir la palabra a partir de un carácter que no ha estudiado.
- →Traducción automática y buscadores. Alumnxs no coincide con ninguna entrada del léxico: el traductor la deja sin traducir y el buscador no la recupera al indexar el documento.
- →Corrección ortográfica y OCR. Todo el texto queda marcado como erróneo, con lo que la herramienta deja de ser útil para detectar los errores verdaderos.
- →Lectura en voz alta. Actos públicos, aulas, radio, audiolibros. Quien lee tiene que improvisar, y al improvisar deshace el recurso.
Un documento que emplea la arroba o la equis para no dejar fuera a nadie deja fuera, de manera comprobable, a las personas que dependen de lectura asistida. Este argumento no exige compartir ninguna postura sobre el género: basta con aceptar que un texto debe poder ser leído por quien lo necesita.
Dónde vive realmente cada forma
| Contexto | @ y x | Morfema -e | Observación |
|---|---|---|---|
| Tesis, artículos académicos | No | No | Salvo que el trabajo estudie precisamente el fenómeno, en cuyo caso se cita entre comillas. |
| Documentos jurídicos y contratos | No | No | Cualquier forma no normativa abre un flanco interpretativo. |
| Comunicación institucional formal | No | No | Las guías de organismos internacionales recomiendan colectivos y epicenos, no grafismos. |
| Prensa y edición de libros | No | Solo en cita o en diálogo | Se reproduce lo que dijo la fuente; no se adopta en la voz del medio. |
| Diálogo de ficción | No | Solo si se está citando el habla de un personaje | No se adopta como norma del libro. Lo que se reproduce es cómo habla alguien, igual que se reproduce un vulgarismo. |
| Redes sociales y comunicación interna informal | Decisión del emisor | Decisión del emisor | Registro informal: la norma editorial no gobierna aquí. |
| Carteles, formularios, señalización | No | No | Son precisamente los textos con mayor exigencia de accesibilidad. |
Qué hace un corrector cuando las encuentra
La respuesta no es «borrarlas». Depende de dónde estén y de quién las haya puesto.
Si aparecen en el diálogo de una novela
Se respetan, no porque sean normativas, sino porque el diálogo reproduce el habla de alguien. Caracterizan una voz igual que un regionalismo, una muletilla o una jerga generacional. El corrector comprueba que el uso sea coherente con ese personaje y que no se contagie a otros que no deberían hablar así.
Si aparecen en una cita textual
Se reproducen tal cual. Alterar una cita es una falta mayor que cualquier cuestión de norma. Si la forma puede confundir, se añade [sic] o una nota, nunca una enmienda silenciosa.
Si aparecen en la voz del narrador o en un texto expositivo
Se señalan con una propuesta concreta de sustitución y una razón. No «esto está mal», sino: «esta forma impide la lectura asistida; propongo el alumnado, que conserva el sentido».
Si el cliente las exige de forma expresa
Se aplican, dejando constancia escrita de las dos consecuencias que casi nunca se han valorado: el documento deja de ser accesible y no podrá leerse en voz alta. Muchas instituciones cambian de criterio al conocer el segundo dato.
En cualquier caso
Se unifica. Un documento con arroba en un capítulo, equis en otro y desdoblamiento en el tercero tiene un problema que no es de género: es de falta de criterio editorial.
La alternativa que resuelve casi todo
Conviene recordar por qué esta discusión rara vez es necesaria en un texto profesional. Casi todo lo que la arroba pretende decir puede decirse con recursos que el idioma ya tiene, y decirse mejor:
Las cuatro versiones de la derecha están recogidas en la gramática académica, son accesibles, pronunciables, indexables y traducibles. Y ninguna emplea el masculino genérico. Esa es la vía que desarrollamos en la guía para textos institucionales.
Preguntas frecuentes
Lo que hay que llevarse
La arroba y la equis no son opciones de estilo discutibles: son marcas gráficas que expulsan el texto del habla y lo vuelven inaccesible para quien depende de lectura asistida. El morfema -e es otra cosa —una propuesta lingüística real, pronunciable y sistemática—, pero hoy no forma parte de la norma y arrastra obstáculos estructurales que no ha resuelto. En un documento profesional, ninguno de los tres es la herramienta adecuada. En una novela, un diálogo o una red social, el criterio es del autor. Y para casi todo lo demás, el español ya tiene recursos que hacen el mismo trabajo sin romper nada.
Fuentes académicas
Todo lo que este artículo recomienda está recogido en las obras normativas de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española:
- →Nueva gramática de la lengua española (RAE y ASALE, 2009). Descripción del género como categoría gramatical y del masculino como término no marcado.
- →Ortografía de la lengua española (RAE y ASALE, 2010). Condición de la arroba como signo ajeno al sistema lingüístico.
- →Diccionario panhispánico de dudas (RAE y ASALE). Entrada «género», sobre desdoblamientos, concordancia y femeninos de profesiones.
- →Libro de estilo de la lengua española según la norma panhispánica (RAE y ASALE, 2018). Tratamiento de la arroba, la «x» y la «e».
- →«Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer», Ignacio Bosque. Informe avalado por el pleno de la RAE, 2012.
- →Informe sobre el lenguaje inclusivo y cuestiones conexas. Aprobado por el pleno de la RAE en enero de 2020.
Siga con qué dice realmente la RAE, si el masculino genérico excluye a las mujeres, los desdoblamientos de género y la guía práctica para textos institucionales. Relacionado: las comillas según la RAE y las novedades de la Ortografía.