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Lengua y sociedad · · 15 min de lectura

¿El masculino genérico
excluye a las mujeres?

La respuesta honesta tiene dos partes, y quien solo da una de las dos está discutiendo, no informando. En el plano de la referencia, que es el único que la gramática gobierna, no excluye. Lo que existe son cinco contextos en los que el masculino que hay escrito no está funcionando como genérico —y esos cinco son los que un corrector tiene que reconocer.

¿El masculino genérico excluye a las mujeres? El masculino como término no marcado según la gramática académica – Correctexto
Designar y evocar son operaciones distintas. Un enunciado puede incluir a todo el mundo y aun así hacer que el lector imagine solo a una parte.

La pregunta del título se formula casi siempre esperando un sí o un no rotundo, y por eso casi nunca se responde bien. Conviene separar dos planos que suelen viajar juntos: el de a quién designa un enunciado, que es una cuestión de gramática y tiene respuesta verificable, y el de las razones extralingüísticas que se invocan alrededor, que no la tienen porque no son cuestiones de lengua.

Este artículo responde la primera y explica por qué la segunda no altera lo que hay que escribir. Después tipifica los cinco casos —esos sí reales y frecuentes— en los que un masculino que parecía genérico resulta que no lo era.

Primera parte: la referencia

En el plano estrictamente referencial, el masculino genérico no excluye. Puede comprobarlo con pruebas que no dependen de ninguna opinión.

Tres pruebas de inclusión referencial

1. «No tengo hermanos.» → Niega tanto hermanos como hermanas. Si el masculino fuera específico, quien tuviera una hermana podría decirlo sin mentir.

2. «Los dominicanos viven en promedio 74 años.» → El dato se calcula sobre toda la población. Nadie entiende que se excluyó a la mitad.

3. «¿Cuántos hijos tiene?» → La pregunta admite «dos niñas» como respuesta completa. No se está preguntando por los varones.

En los tres casos el masculino funciona como forma no marcada: no afirma nada sobre el sexo, simplemente no lo especifica.

Esta es la razón por la que la Nueva gramática de la lengua española describe el masculino como término no marcado del sistema, y no como una convención social discutible. En el plano de la referencia, la inclusión es completa. Quien sostiene que «los ciudadanos» deja fuera a las ciudadanas está describiendo mal cómo funciona el español.

El masculino no marcado no afirma que no haya mujeres: no afirma nada sobre el sexo de nadie. Confundir «no mencionar» con «excluir» es el origen de casi todo el malentendido.

Segunda parte: los argumentos que no son lingüísticos

Contra esa descripción se han opuesto objeciones de muy distinto orden, y conviene clasificarlas antes de discutirlas, porque no todas juegan en el mismo terreno.

La mayoría de las que circulan no son argumentos gramaticales: son apreciaciones sobre lo que un enunciado sugiere, evoca o deja de recordar. El Diccionario panhispánico de dudas lo señala con claridad al tratar la tendencia al desdoblamiento: la funda en razones extralingüísticas, no en el funcionamiento del idioma. Y el informe de 2012 avalado por el pleno de la Academia llega a la misma conclusión tras examinar nueve guías de lenguaje no sexista: sus recomendaciones no se derivan de la gramática del español y, aplicadas con consistencia, producen textos que las propias guías no respetan.

Esto no significa que quien las formula actúe de mala fe. Significa que, para decidir cómo se escribe una frase, no sirven: la norma se describe a partir del uso culto y de la estructura de la lengua, no a partir de lo que un enunciado parezca sugerir a cada lector. Quien quiera cambiarla tendrá que hacerlo por la vía del uso, que es la única que existe.

Dónde queda la pregunta, entonces

En el plano de la referencia, que es el único que la gramática gobierna, la respuesta está cerrada: el masculino genérico no excluye. Lo que sí existe —y es un problema de redacción, no de norma— son enunciados concretos en los que el masculino no está funcionando como genérico y el autor no se ha dado cuenta. Esos casos son cinco, están tipificados y todos se corrigen sin salir de la norma.

Los cinco contextos en los que el genérico no funciona

Atención al enunciado: no son contextos en los que el masculino genérico sea deficiente, sino contextos en los que lo que hay escrito no es un genérico, aunque el autor creyera que lo era. Fuera de estos cinco, el masculino trabaja sin fricción y sustituirlo solo añade peso al texto.

Contexto 1

El salto semántico

Es el fallo más grave y el único que constituye un error objetivo, no una cuestión de preferencia. Consiste en emplear un masculino con valor genérico y, unas líneas después, revelar que en realidad se estaba hablando solo de varones.

Los antiguos egipcios se maquillaban los ojos; sus mujeres también lo hacían.
En el Antiguo Egipto, hombres y mujeres se maquillaban los ojos.

Si «los antiguos egipcios» incluía a las mujeres, la segunda mitad de la frase es imposible. El enunciado se contradice a sí mismo. No es un problema ideológico: es una incoherencia referencial, y se corrige siempre.

El programa está dirigido a los trabajadores del sector y a sus esposas.
El programa está dirigido al personal del sector y a sus parejas.
Contexto 2

La persona concreta con femenino consolidado

Este caso ni siquiera pertenece al debate sobre lenguaje inclusivo: es aplicación ordinaria del sistema de género. Cuando se designa a una mujer identificada y existe una forma femenina asentada en el uso, corresponde emplearla.

La juez dictó sentencia.
La jueza dictó sentencia.
Fue nombrada ministro de Educación.
Fue nombrada ministra de Educación.

Lo mismo vale para la presidenta, la abogada, la ingeniera, la médica, la arquitecta, la rectora, la decana. Mantener el masculino para una mujer concreta resulta hoy anómalo en casi todo el ámbito hispanohablante y suele leerse como descuido, no como sobriedad.

Contexto 3

La ambigüedad referencial real

Hay enunciados en los que el lector necesita saber si el masculino es genérico o específico para poder actuar, y el texto no se lo dice.

Los profesores dispondrán de vestuario propio en el nuevo edificio.

¿Uno solo, compartido? ¿Dos, separados por sexo? ¿Solo para los profesores varones? La frase no lo resuelve, y aquí el desdoblamiento tampoco lo resolvería: «los profesores y las profesoras dispondrán de vestuario propio» sigue sin aclarar cuántos vestuarios habrá.

Se habilitarán vestuarios separados por sexo para el personal docente.

La lección es importante: la ambigüedad no se cura añadiendo femeninos, se cura nombrando lo que estaba implícito.

Contexto 4

Cuando el sexo es información pertinente

En textos con contenido demográfico, sanitario, jurídico o estadístico, el sexo de los referentes forma parte de lo que se está comunicando. Ahí el genérico no es inadecuado por razones de estilo: es impreciso.

Se atendió a 1.240 pacientes, de los cuales 300 recibieron tratamiento hormonal.
Se atendió a 1.240 pacientes —820 mujeres y 420 hombres—, de los cuales 300 recibieron tratamiento hormonal.

Aquí no se trata de visibilizar: se trata de que el dato esté completo. Un corrector que trabaja textos académicos encuentra este problema con frecuencia y lo señala como deficiencia metodológica, no como cuestión de género.

Contexto 5

El manual de estilo obligatorio

Cuando la institución destinataria tiene una guía propia, la discusión está cerrada antes de empezar. Numerosos organismos internacionales y administraciones públicas han publicado orientaciones de redacción con perspectiva de género, y un documento que se les entrega se rige por ellas.

Discutir la norma interna del cliente no es tarea del redactor ni del corrector: la tarea es aplicarla con rigor y sin daños colaterales en la legibilidad.

El caso contrario: cuando el desdoblamiento estorba

Por simetría, conviene decir lo otro. Fuera de esos cinco contextos, sustituir sistemáticamente el genérico produce textos peores sin ganar nada. Compare:

Todos los ciudadanos y todas las ciudadanas que hayan sido convocados y convocadas deberán presentarse ante los funcionarios y las funcionarias designados y designadas por el director o la directora del organismo.
La ciudadanía convocada deberá presentarse ante el personal designado por la dirección del organismo.

La segunda versión tiene menos de la mitad de palabras, no emplea un solo masculino genérico, está construida íntegramente con recursos normativos y es más precisa que la primera. Este es el punto que suele perderse: abandonar el masculino genérico y desdoblar no son la misma operación. La segunda es la torpe; hay otras.

Tabla de decisión rápida

Situación¿Funciona el genérico?Qué hacer
Mención de paso a un colectivo mixto Déjelo. Cualquier sustitución añade peso sin beneficio.
El texto revelará después que solo hay varones No Reformule desde el principio: es salto semántico.
Mujer concreta con cargo o profesión No Femenino: la jueza, la ministra, la ingeniera.
El lector necesita saber si el grupo es mixto No Nombre el criterio, no el colectivo.
Datos estadísticos o demográficos No Desglose. Es precisión, no estilo.
Texto normativo o contractual El genérico evita huecos interpretativos. Manténgalo.
Manual de estilo del cliente lo prohíbe No Aplique el manual, sin discutirlo.

Tres fallos de referencia que sí hay que corregir

Al margen del genérico existen construcciones defectuosas que un corrector señala sin entrar en ninguna polémica, porque el problema es de referencia o de coherencia, no de ideología:

  • El colectivo con apéndice: «los médicos y sus mujeres». Es un salto semántico: al nombrar a las mujeres se revela que «los médicos» no se estaba usando como genérico. Solución: «el personal médico y sus parejas».
  • La aposición no pertinente: «la jueza, madre de dos hijos, dictó sentencia». No es una cuestión de género sino de economía: un dato que no guarda relación con lo que se cuenta sobra en cualquier texto.
  • El tratamiento onomástico desigual: nombrar a unas personas por el apellido y a otras por el nombre de pila dentro del mismo documento. Es un fallo de coherencia, y como tal se corrige: se elige una convención y se sostiene.

Ninguno de los tres exige tocar el sistema de género del español. Se corrigen con léxico y con criterio, que es donde de verdad se juega la calidad de un texto.

Conviene añadir, por lo que se lee a menudo, que el uso de «hombre» con valor genérico no es un error: el Diccionario panhispánico de dudas registra esa acepción para designar al ser humano sin distinción de sexo, de modo que «la evolución del hombre» es irreprochable. Que existan alternativas —«la evolución humana»— es cuestión de preferencia estilística, no de corrección.

Preguntas frecuentes

No. Como término no marcado, el masculino plural designa el conjunto sin informar sobre el sexo de sus miembros. La prueba está en enunciados como «no tengo hermanos», que niega tanto hermanos como hermanas, o «los dominicanos viven en promedio 74 años», que incluye a toda la población. Gramaticalmente la inclusión es completa, y así lo describe la Nueva gramática de la lengua española. Las objeciones que se le oponen no son de orden gramatical: el propio Diccionario panhispánico de dudas las sitúa entre las razones extralingüísticas.
Es el error que se comete cuando se emplea un masculino con valor genérico y, más adelante, la propia frase revela que en realidad solo se hablaba de varones. El ejemplo clásico es «los antiguos egipcios se maquillaban los ojos; sus mujeres también lo hacían»: si «los egipcios» incluía a las mujeres, la segunda oración es imposible. Es un fallo de coherencia referencial y sí debe corregirse siempre.
Cuando se designa a una mujer concreta y existe un femenino consolidado en el uso, corresponde emplearlo: la jueza, la presidenta, la ministra, la abogada, la ingeniera, la médica. No es una concesión al lenguaje inclusivo sino la aplicación normal del sistema de género del español. Mantener el masculino para una mujer identificada resulta hoy anómalo en la mayor parte del ámbito hispanohablante.
No. El Diccionario panhispánico de dudas registra el uso de «hombre» para designar al ser humano sin distinción de sexo, de modo que esa construcción es irreprochable. Existen alternativas como «la evolución humana» o «la evolución de nuestra especie», y elegirlas es legítimo, pero se trata de una preferencia de estilo y no de una corrección: quien presente el genérico como incorrecto está yendo más allá de lo que dice la norma.
En cinco, y en las cinco por la misma razón: porque lo escrito ya no está funcionando como genérico. Cuando el texto va a incurrir en salto semántico; cuando se designa a una persona concreta y existe femenino consolidado, como «la jueza» o «la ministra»; cuando el masculino produce una ambigüedad referencial real; cuando el sexo es información pertinente para el contenido, como en un dato estadístico; y cuando un manual de estilo obligatorio lo establece.
Es gramatical, pero informa mal. Al mencionar a las esposas se revela que «los alumnos» se estaba usando en sentido específico, no genérico, y que el enunciado da por supuesto un colectivo masculino y heterosexual. La corrección adecuada es reformular: «los alumnos y sus parejas» o «los alumnos y sus acompañantes», según lo que el texto quiera decir realmente.
Casi siempre basta con especificar el criterio en lugar del colectivo. En vez de «los profesores tendrán vestuario propio», que deja sin resolver si habrá uno o dos, se escribe «se habilitarán vestuarios separados para el personal docente». La ambigüedad no se resuelve añadiendo femeninos, sino nombrando aquello que estaba implícito.

La respuesta completa

No, el masculino genérico no excluye a las mujeres: las designa sin nombrarlas, y así lo describe la gramática académica. Lo que sí ocurre, y es un problema de redacción y no de norma, es que a veces el autor escribe un masculino creyendo que es genérico cuando el propio texto demuestra que no lo era. La diferencia entre un escritor descuidado y uno competente no está en qué bando elige, sino en reconocer esos casos. Los cinco contextos de este artículo son los que hay que saber ver; en todos los demás, el genérico trabaja bien y conviene dejarlo trabajar.

Fuentes académicas

Todo lo que este artículo recomienda está recogido en las obras normativas de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española:

  • Nueva gramática de la lengua española (RAE y ASALE, 2009). Descripción del género como categoría gramatical y del masculino como término no marcado.
  • Ortografía de la lengua española (RAE y ASALE, 2010). Condición de la arroba como signo ajeno al sistema lingüístico.
  • Diccionario panhispánico de dudas (RAE y ASALE). Entrada «género», sobre desdoblamientos, concordancia y femeninos de profesiones.
  • Libro de estilo de la lengua española según la norma panhispánica (RAE y ASALE, 2018). Tratamiento de la arroba, la «x» y la «e».
  • «Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer», Ignacio Bosque. Informe avalado por el pleno de la RAE, 2012.
  • Informe sobre el lenguaje inclusivo y cuestiones conexas. Aprobado por el pleno de la RAE en enero de 2020.

Continúe con qué dice realmente la RAE, cuándo aclaran y cuándo entorpecen los desdoblamientos, tod@s, todxs y todes y la guía práctica para textos institucionales. También le interesará la concordancia entre sujeto y verbo.

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