«Los alumnos y las alumnas.» «Todos y todas.» «Los trabajadores y las trabajadoras.» Esta construcción —el desdoblamiento— es la solución más conocida y la más discutida del lenguaje inclusivo. También es la peor entendida, porque el debate se plantea en términos de si está bien o mal, cuando la pregunta útil es otra: qué cuesta y qué devuelve.
Empecemos por lo que no está en discusión. El desdoblamiento es gramatical. Es una coordinación ordinaria y el español lo ha usado siempre que ha querido subrayar la presencia de los dos grupos: «damas y caballeros», «hombres y mujeres», «hijos e hijas». Nadie tiene que defenderlo ante ninguna autoridad.
Lo que sí está en discusión es su aplicación sistemática: convertirlo en la forma por defecto de mencionar a cualquier colectivo, en cada aparición, a lo largo de un documento entero. Ahí es donde una construcción legítima se transforma en un problema editorial.
Un desdoblamiento es una herramienta de énfasis. Y una herramienta de énfasis usada en todas las líneas deja de dar énfasis: solo da ruido.
Los cuatro costos del desdoblamiento
No son impresiones subjetivas. Son cuatro efectos comprobables que aparecen siempre que el desdoblamiento se aplica de forma sostenida.
La expansión del texto
En documentos con alta densidad de menciones a personas —convocatorias, reglamentos, memorias institucionales— el desdoblamiento sistemático hace crecer la extensión entre un veinticinco y un treinta y cinco por ciento. Ese crecimiento no añade información: repite la que ya estaba.
Un tercio más de texto para la misma instrucción. En una memoria de doscientas páginas eso son sesenta y cinco páginas adicionales que nadie va a leer con más atención por estar desdobladas.
La cadena de concordancia
Este es el costo verdaderamente peligroso, porque no se ve venir. Un desdoblamiento obliga a revisar todo lo que concuerda con él: artículos, adjetivos, participios, pronombres. Y cada uno de esos elementos, si también se desdobla, obliga al siguiente.
Cinco desdoblamientos en una sola oración. El lector ha dejado de procesar el contenido hacia el tercero. Y la frase, además, contiene dos errores de construcción que analizamos más abajo.
La ruptura de la referencia
El español mantiene la cohesión mediante pronombres y elipsis: mencionamos algo una vez y después nos referimos a ello con «ellos», «los mismos», «quienes» o directamente con nada. El desdoblamiento rompe ese mecanismo, porque obliga a repetir el sintagma completo cada vez que se quiere volver a él.
La segunda versión no solo es más corta: es más cohesionada, porque los mecanismos de referencia del idioma vuelven a funcionar.
El colapso en tablas, títulos y formularios
Todo sistema de tratamiento del género se rompe primero en los mismos sitios: encabezados de tabla, rótulos de gráfico, casillas de formulario, entradas de índice y títulos de sección. Son lugares con espacio contado donde el desdoblamiento no cabe.
Cuando el redactor llega a estos elementos, casi siempre abandona el desdoblamiento sin darse cuenta. El resultado es un documento con dos sistemas conviviendo, que es exactamente el defecto que un corrector detecta antes que ningún otro.
Las reglas de concordancia que casi nadie aplica
Si se decide desdoblar, hay que hacerlo bien. Estas cuatro reglas resuelven el noventa por ciento de los errores que encontramos en documentos reales.
Cuando se coordinan un sustantivo masculino y uno femenino, el adjetivo o participio que se refiere a los dos concuerda en masculino plural. «Los alumnos y las alumnas matriculados». Escribir matriculadas no es más inclusivo: es un error de concordancia que deja fuera precisamente a los alumnos.
Las versiones centrales son gramaticales y resuelven el error. No son, sin embargo, lo que recomendamos: arreglan la concordancia y dejan en pie la duplicación. La tercera línea de cada bloque es la que un manual académico suscribiría.
«Los y las estudiantes» es una fórmula defectuosa: el artículo los se queda sin sustantivo con el que formar sintagma, porque estudiantes aparece una sola vez y ya está tomado por las. Repetir la palabra entera la haría gramatical, pero a costa de una redundancia que ninguna obra académica recomienda. Lo que procede es cambiar de recurso.
Fíjese en los dos pares: en ninguno la solución consiste en desdoblar mejor, sino en abandonar el desdoblamiento. Cuando la única versión gramatical de una duplicación resulta pesada o redundante, el idioma está avisando de que había otro camino.
Si se escribe «todos los alumnos y alumnas», el cuantificador todos abarca solo el primer sintagma en la lectura natural. Para que abarque a ambos habría que repetirlo, con lo que la frase crece otra vez. Es el motivo por el que la fórmula «todos y todas» resulta tolerable en un saludo, donde va sola, y falla dentro de una oración larga, donde arrastra concordancias.
Ninguna norma impone poner antes el masculino o el femenino, y la Academia no se pronuncia sobre ello porque no es una cuestión gramatical. Lo único que un corrector puede exigir es coherencia: que el orden no cambie dentro de una misma enumeración o de un mismo párrafo, donde el vaivén se lee como descuido.
El único caso que la norma da por justificado
Conviene citar a la Academia sin adornarla, porque en este punto es más estricta de lo que suele suponerse. El Diccionario panhispánico de dudas considera que el desdoblamiento indiscriminado va contra el principio de economía del lenguaje y lo da por justificado en un solo supuesto: cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto. Ese es el criterio completo. No hay un segundo.
Aquí, en rigor, ni siquiera hay desdoblamiento: hay dos referencias específicas y distintas. El masculino no funciona como genérico, sino como término marcado que se opone al femenino. Ningún colectivo puede sustituirlo, porque el contraste es el contenido. Lo mismo ocurre en «el permiso corresponde por igual a las madres y a los padres», donde la oposición es justamente lo que la frase afirma.
El caso que tolera el uso: el vocativo
Hay una segunda posición en la que la duplicación aparece constantemente y casi ningún corrector la señala: el saludo y el vocativo de los textos institucionales. Merece una precisión, porque es donde más se confunde lo que la norma dice con lo que la costumbre ha impuesto.
La Academia no respalda esta fórmula: para ella sigue siendo innecesaria, porque «estimados colegas» ya designa al conjunto. Lo que ocurre es que en esa posición la duplicación no cuesta nada. Aparece una sola vez, no arrastra ninguna cadena de concordancia y no compromete la lectura de lo que viene detrás. Por eso el uso la ha consolidado en discursos, circulares y convocatorias.
Distinga los dos estatutos, porque es la diferencia entre informar y opinar: el caso anterior lo admite la norma; este lo tolera el uso. Si su documento debe ceñirse estrictamente al criterio académico, escriba «Estimados colegas» y no habrá nada que discutir.
Lo que no justifica una duplicación
Se invocan a menudo otras dos razones. Ninguna se sostiene en un documento largo.
- ✗«Es la primera vez que aparece el colectivo». Presentar a un grupo no obliga a duplicarlo. «Esta convocatoria se dirige al personal investigador del área de salud» lo presenta igual de bien y no compromete los párrafos siguientes.
- ✗«El sector arrastra un estereotipo». Es un motivo legítimo para no emplear el masculino genérico, pero no obliga a repetir el sintagma: «Se busca personal de ingeniería civil» amplía el perfil sin duplicar nada.
La técnica de la mención económica
De ahí se deriva una técnica que resuelve la mayoría de los encargos institucionales sin obligar a elegir entre visibilidad y legibilidad, y sin salir en ningún punto de la norma.
Paso 1 — Nombre el colectivo con una fórmula neutra en el título
Es donde el lector empieza y donde la mención pesa más. «Convocatoria dirigida al personal docente e investigador del sistema público.»
Paso 2 — Si duplica, que sea solo en el vocativo
Una sola vez, en el saludo, que es la única posición donde no arrastra concordancias: «Estimadas colegas, estimados colegas». Nunca dentro del cuerpo del texto. Y si el encargo exige apego estricto al criterio académico, tampoco ahí.
Paso 3 — Sustituya en el cuerpo por fórmulas económicas
Colectivos: el profesorado, el alumnado, la ciudadanía, el personal, la plantilla, la dirección, la coordinación.
Epicenos y comunes: las personas beneficiarias, el equipo, quienes participan, la parte solicitante.
Impersonales y pasivas reflejas: se deberá presentar, se convoca, deberá acreditarse.
Segunda persona: usted deberá presentar, presente su solicitud antes del viernes.
Paso 4 — Unifique tablas, títulos y formularios
Fórmula neutra siempre: «Personas inscritas», «Total de participantes», «Firma de la persona solicitante». Es donde el documento suele delatarse.
Paso 5 — Escríbalo en la hoja de estilo
Tres líneas bastan: dónde se desdobla, qué colectivos sustituyen a qué, y qué se hace en elementos tabulados. Sin esto, la coherencia se pierde hacia la página treinta.
Barras, paréntesis y guiones
Un caso aparte son las formas abreviadas: el/la solicitante, los alumnos(as), trabajador-a. No son desdoblamientos propiamente dichos, sino atajos gráficos, y la norma editorial los trata de manera distinta según dónde aparezcan.
| Contexto | Barras y paréntesis | Motivo |
|---|---|---|
| Formularios, casillas, fichas | Aceptable | Espacio mínimo y lectura no continua. «Nombre del/de la solicitante» cumple su función. |
| Encabezados de tabla | Preferible evitarlo | Casi siempre hay una fórmula neutra más corta: «Solicitante». |
| Prosa continua | No | Interrumpe la lectura, no se pronuncia y se acumula. Tres barras en un párrafo lo vuelven ilegible. |
| Textos que se leen en voz alta | No | No hay forma natural de decir «el/la». Quien lee acaba eligiendo uno, y el recurso se pierde. |
| Documentos con lectura asistida | No | Los lectores de pantalla verbalizan la barra o parten la palabra. Ver el artículo sobre accesibilidad. |
La regla práctica cabe en una línea: barra donde se rellena, palabra donde se lee.
Errores frecuentes
- ✗«Los y las»: artículo masculino sin sustantivo propio. No lo arregle repitiendo la palabra entera: cambie de recurso y escriba «el estudiantado».
- ✗Participio en femenino: «los alumnos y alumnas matriculadas». Va en masculino plural.
- ✗Cuantificador único: «todos los alumnos y alumnas». La solución no es repetir el cuantificador, sino reformular: «todo el alumnado».
- ✗Cadena de tres o más: a partir del tercer desdoblamiento la oración deja de leerse. Reformule con colectivo.
- ✗Abandono a mitad de documento: desdoblar hasta la página veinte y dejar de hacerlo después. Es el error más visible para un tribunal o un revisor.
- ✗Mezclar sistemas: desdoblamiento en un capítulo, barras en otro y arroba en un pie de tabla. Elija uno.
- ✗Duplicar sustantivos comunes en cuanto al género: en «estudiante», «periodista», «docente» o «representante» la palabra no cambia; solo cambia el artículo. Repetirla entera —«los periodistas y las periodistas»— no visibiliza nada: repite el mismo sustantivo dos veces. Prefiera el colectivo, «el estudiantado», «el periodismo», «el profesorado», o la fórmula de ámbito, «los profesionales de la prensa».
Preguntas frecuentes
La regla práctica
Trate el desdoblamiento como lo que es: un recurso excepcional, no un sistema de escritura. Resérvelo para aquellos casos en que la distinción entre los dos grupos sea parte de la información, que es el único supuesto que la norma da por justificado, y a lo sumo para el saludo, donde el uso lo ha consolidado y no cuesta nada. En el resto del documento, deje trabajar a los colectivos, los epicenos y las construcciones impersonales, que son igual de normativos y consiguen lo mismo sin duplicar un solo sintagma. Y cuando encuentre que la versión gramaticalmente correcta de un desdoblamiento le resulta insoportable de leer, no la corrija: cámbiela. El idioma le está diciendo que había otro camino.
Fuentes académicas
Todo lo que este artículo recomienda está recogido en las obras normativas de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española:
- →Nueva gramática de la lengua española (RAE y ASALE, 2009). Descripción del género como categoría gramatical y del masculino como término no marcado.
- →Ortografía de la lengua española (RAE y ASALE, 2010). Condición de la arroba como signo ajeno al sistema lingüístico.
- →Diccionario panhispánico de dudas (RAE y ASALE). Entrada «género», sobre desdoblamientos, concordancia y femeninos de profesiones.
- →Libro de estilo de la lengua española según la norma panhispánica (RAE y ASALE, 2018). Tratamiento de la arroba, la «x» y la «e».
- →«Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer», Ignacio Bosque. Informe avalado por el pleno de la RAE, 2012.
- →Informe sobre el lenguaje inclusivo y cuestiones conexas. Aprobado por el pleno de la RAE en enero de 2020.
Complete la serie con qué dice realmente la RAE, si el masculino genérico excluye a las mujeres, tod@s, todxs y todes y la guía práctica para textos institucionales. Le interesará también la concordancia entre sujeto y verbo y la puntuación de las enumeraciones.