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Lengua y sociedad · · 14 min de lectura

Lenguaje inclusivo:
qué dice realmente la RAE

Casi todo lo que circula sobre este asunto mezcla dos discusiones distintas: una sobre cómo funciona el sistema del español y otra sobre qué queremos hacer con él. Separarlas es el primer paso —y, para quien escribe un documento real, el único que de verdad sirve.

Lenguaje inclusivo: qué dice realmente la RAE – Correctexto
La Academia describe el sistema; el corrector trabaja sobre un texto concreto, con un destinatario y un encargo. No responden a la misma pregunta.

Pocos temas producen tanto ruido y tan poca información útil como el del lenguaje inclusivo. Quien escribe una tesis, una memoria institucional o un manual corporativo no necesita ganar un debate: necesita saber qué escribir en la línea siguiente. Y para eso hace falta desenredar dos preguntas que casi siempre viajan juntas y que no se responden con los mismos argumentos.

La primera es descriptiva: ¿cómo funciona el género en español? La segunda es política y editorial: ¿qué debemos hacer con ese funcionamiento? La primera tiene respuestas verificables en la gramática. La segunda no las tiene ni puede tenerlas, porque no es una pregunta lingüística.

La Academia no decide cómo debe usted escribir. Describe qué ocurre cuando escribe de una manera u otra. La decisión sigue siendo suya, pero ahora informada.

Qué es el masculino genérico

En español, el género es una propiedad gramatical de los sustantivos que sirve para organizar la concordancia. No es una clasificación del mundo. La mesa no es femenina en ningún sentido que no sea el estrictamente morfológico, y el problema no es masculino por nada que tenga que ver con los problemas.

Dentro de esa oposición de género, el masculino funciona como término no marcado. Esto significa que tiene dos valores posibles: uno específico, en el que se opone al femenino, y otro genérico, en el que lo engloba. El femenino, en cambio, es siempre específico.

Los dos valores del masculino

Masculino específico se opone al femenino

«Vinieron los alumnos, no las alumnas.»

Masculino genérico no informa sobre el sexo

«Los alumnos deberán presentar su carné.»

La misma palabra hace las dos cosas. Lo que decide cuál de las dos es el contexto, no la forma.

Esta descripción no es una postura ideológica de la Real Academia Española: es lo que recoge la Nueva gramática de la lengua española al tratar el género no marcado, y lo que reproducen las gramáticas descriptivas del español publicadas fuera de la órbita académica. Es un hecho del sistema, comparable a que el español coloque el adjetivo detrás del sustantivo.

Que sea un hecho del sistema no significa que sea intocable, ni que quien lo cuestione esté equivocado. Significa únicamente que eso es lo que hay hoy, y que cualquier propuesta de cambio trabaja sobre ese punto de partida.

La prueba de que género y sexo no coinciden

El argumento más eficaz contra la identificación entre género gramatical y sexo lo dan las propias palabras del idioma. Hay sustantivos de género fijo que designan indistintamente a hombres y mujeres, y nadie percibe en ellos ninguna contradicción:

La víctima resultó ser un hombre de 40 años.
El personaje principal es una mujer.
La persona detenida se negó a declarar.
El bebé se llama Laura.

Si el género gramatical codificara el sexo, estas oraciones serían incoherentes. No lo son porque el género es una etiqueta de concordancia y el sexo es información del mundo. Son planos distintos que a veces coinciden —niño / niña— y muy a menudo no.

Los dos documentos que hay que conocer

Cuando alguien cita «lo que dice la RAE», casi siempre se refiere, sin saberlo, a uno de estos dos textos. Conviene distinguirlos porque tienen alcances muy diferentes.

Documento 1

«Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer» (2012)

Firmado por el lingüista Ignacio Bosque y respaldado por el pleno de la Academia. No es un pronunciamiento contra la igualdad ni sobre ella: es la revisión de nueve guías de lenguaje no sexista difundidas en España por universidades, sindicatos y administraciones públicas.

Su tesis es de orden práctico. Bosque somete las recomendaciones de esas guías a una prueba sencilla: aplicarlas de forma consistente a textos reales. El resultado, sostiene, es una prosa que ninguna de las propias guías respeta en su redacción interna, porque produce agramaticalidad, ambigüedad y una acumulación insostenible.

Es el documento más citado y peor leído del debate. No afirma que el español sea perfecto, ni que no exista sexismo en el uso de la lengua. Afirma que buena parte de las soluciones propuestas no sobreviven al contacto con un texto largo.

Documento 2

Informe sobre lenguaje inclusivo (2020)

Aprobado por el pleno de la RAE en enero de 2020, a petición del Gobierno de España, que había planteado si la Constitución española debía reescribirse desdoblando sus referencias en masculino.

La conclusión fue negativa. El informe sostiene que el texto constitucional no discrimina por emplear el masculino genérico y que la reforma sistemática produciría un documento sensiblemente más difícil de leer y de interpretar, sin ganancia jurídica que lo compense.

Es un dictamen sobre un texto concreto y sobre una operación concreta. No es —aunque así se cite— una prohibición general dirigida a los hablantes.

A estos dos hay que añadir una referencia normativa menos polémica y más útil en el día a día: el Libro de estilo de la lengua española según la norma panhispánica, publicado por la RAE y la ASALE en 2018, que se pronuncia con claridad sobre los recursos gráficos —la arroba, la «x», la «e»— y los descarta por no ser signos lingüísticos. De eso nos ocupamos en detalle en otro artículo de esta serie.

Lo que la norma no resuelve

Aquí es donde termina la lingüística descriptiva y empieza el trabajo editorial. Que el masculino genérico sea gramatical no responde ninguna de estas preguntas:

  • 1¿Es igual de eficaz que otras soluciones? La gramaticalidad garantiza corrección, no comunicación óptima. «El profesorado» y «los profesores» son ambos correctos; cuál conviene depende del texto.
  • 2¿Está funcionando de verdad como genérico? Un masculino puede ser irreprochable en una frase y dejar de serlo dos líneas después, cuando el propio texto revela que solo se hablaba de varones. Eso sí es un error, y hay que verlo venir.
  • 3¿Qué exige el encargo? Muchas instituciones, universidades y organismos internacionales tienen manuales propios. Un texto que se les entrega se rige por ellos, no por las preferencias del redactor.
  • 4¿Qué coherencia interna necesita el documento? Esta es la pregunta que más problemas causa en la práctica, y no depende de qué opción se elija, sino de sostenerla hasta el final.
El punto de partida profesional

El corrector no llega a un texto a imponer su criterio sobre el género. Llega a comprobar tres cosas: que lo escrito sea gramatical, que sea legible y que sea coherente consigo mismo de la primera página a la última. Un documento escrito íntegramente en masculino genérico y otro construido con fórmulas colectivas pueden pasar los tres filtros sin dificultad. Uno que alterne sistemas sin criterio, no.

Tres posturas y lo que cuesta cada una

En la práctica editorial hispanohablante conviven tres posiciones. Ninguna es «la correcta»; cada una tiene un precio y conviene conocerlo antes de pagarlo.

PosturaEn qué consisteQué cuesta
Masculino genérico estricto Se emplea el masculino no marcado en todos los casos, sin desdoblar. Máxima economía y legibilidad, y pleno respaldo de la gramática académica. Exige vigilar que no se cuele ningún salto semántico y que los cargos de mujeres concretas lleven su femenino.
Desdoblamiento sistemático «Los alumnos y las alumnas», «los trabajadores y las trabajadoras», en todas las apariciones. Crecimiento del texto en torno a un tercio, cadenas de concordancia frágiles y una lectura mecánica. Es la práctica que el informe de la RAE de 2012 examina y desaconseja como sistema. Ver el análisis detallado.
Reformulación con recursos normativos Colectivos, epicenos, impersonales, segunda persona, perífrasis: «el estudiantado», «quien solicite», «se deberá presentar». Todos son recursos normativos, recogidos en la gramática académica. Exige más oficio al redactar y algo de vigilancia para no caer en la prosa abstracta. Es la vía que más rendimiento da en documentos largos.

La tercera postura es la que recomendamos por defecto en trabajos extensos, y no por una razón ideológica sino por una razón de ingeniería del texto: es la única que no obliga a elegir entre inclusión y legibilidad. Los doce recursos concretos que la hacen posible ocupan un artículo entero de esta serie.

El error que sí es un error

Hasta aquí hemos hablado de decisiones legítimas. Existe, sin embargo, una franja de problemas que no son opinables: son fallos técnicos que aparecen cuando se aplica el desdoblamiento sin control sobre la concordancia.

Caso 1 — Concordancia rota
Todos los alumnos y alumnas matriculadas deberán presentarse.
Deberán presentarse todos los alumnos matriculados.

Al coordinar un masculino y un femenino, el adjetivo que los abarca concuerda en masculino plural: escribir matriculadas deja fuera precisamente a los alumnos. Ajustar la concordancia dentro del desdoblamiento salvaría la gramática, pero el informe de la Academia de 2012 desaconseja esa duplicación como recurso sistemático. La salida limpia es la de arriba.

Caso 2 — Artículo compartido imposible
Los y las estudiantes interesados deberán inscribirse.
El estudiantado interesado deberá inscribirse.

La fórmula los y las deja al artículo masculino sin un sustantivo con el que formar sintagma: es una construcción defectuosa que la norma no admite. Y repetir la palabra entera para salvarla produce una redundancia que ninguna obra académica recomienda. Cuando aparece este atajo, la señal es que el desdoblamiento sobraba.

Caso 3 — Desdoblamiento en cadena
Los y las docentes designados y designadas por el o la directora del centro.
Los docentes designados por la dirección del centro.

Cada desdoblamiento arrastra los siguientes. Cuando la cadena alcanza tres eslabones, el enunciado deja de leerse. La salida no es puntuarlo mejor: es reformularlo.

Caso 4 — Incoherencia a mitad de documento
§1: «los y las participantes» … §7: «los participantes» … §12: «l@s participantes»
Un solo sistema, declarado en la hoja de estilo y sostenido en las doce secciones.

Este es, con diferencia, el problema más frecuente en tesis y memorias institucionales. No lo causa la elección, sino la falta de acuerdo previo. Es, además, el más visible para un tribunal o un revisor.

Cómo decidir antes de escribir

Este es el orden de preguntas que seguimos al abrir un encargo. Responderlas lleva diez minutos y ahorra reescrituras completas.

1. ¿Existe un manual de estilo obligatorio?

Sí: se aplica sin discusión. La universidad, el ministerio o el organismo que recibe el documento ya decidió.

No: pase a la siguiente pregunta.

2. ¿Cuál es la naturaleza del texto?

Normativo o jurídico (contratos, reglamentos, resoluciones): prioridad absoluta a la precisión referencial. El masculino genérico y las fórmulas colectivas evitan huecos interpretativos.

Institucional o divulgativo (memorias, campañas, comunicación interna): hay margen para nombrar de forma explícita a los colectivos, pero con fórmulas que no dupliquen el sintagma: «el personal investigador», «las personas beneficiarias».

Académico (tesis, artículos): manda la norma de la institución y, en su defecto, la sobriedad.

3. ¿Qué densidad de menciones tiene el documento?

Alta (el colectivo aparece en casi cada párrafo): el desdoblamiento sistemático es inviable. Recurra a colectivos y epicenos desde la primera línea.

Baja (menciones aisladas): la elección apenas afecta a la lectura, pero el criterio sigue siendo el mismo. Duplique solo si la distinción entre los dos grupos aporta información.

4. ¿Qué queda escrito en la hoja de estilo?

La decisión tomada, la lista de sustituciones fijas —«el alumnado» por «los alumnos», «la dirección» por «el director»— y qué se hace en títulos, tablas y formularios, que es donde toda decisión se rompe primero.

El papel real del corrector

Un corrector profesional no es un guardián de la ortodoxia ni un activista. Es alguien que responde ante el texto y ante su destinatario. En este asunto concreto, su trabajo consiste en cuatro operaciones:

  • Detectar lo agramatical. Concordancias rotas, artículos huérfanos, participios que dejan fuera a la mitad del colectivo que pretendían incluir.
  • Señalar lo ilegible. Cuando la solución elegida convierte un párrafo en un obstáculo, hay que decirlo, aunque la solución sea intencionada.
  • Imponer coherencia. Es la única exigencia que un corrector puede sostener con independencia de la postura del autor.
  • Proponer alternativas. Casi siempre existe una formulación que satisface la intención del autor sin castigar al lector. Encontrarla es el oficio.

Lo que no le corresponde es convertir el texto de otro en la expresión de sus propias convicciones. Un autor que ha decidido desdoblar tiene derecho a que se respete su decisión y a que se le corrijan los errores que esa decisión introduce; no a que se le reescriba el criterio.

Preguntas frecuentes

No, porque la Academia no tiene potestad para prohibir nada. Su función es describir el uso culto mayoritario y fijar la norma que de él se desprende. Lo que la RAE sostiene es que el masculino genérico es el mecanismo que el español emplea para designar conjuntos mixtos y que las innovaciones morfológicas como la arroba, la «x» o la «e» no forman parte del sistema. Un autor puede apartarse de esa norma; lo que no puede es apartarse de ella y presentarlo como norma.
Es el uso del género masculino como término no marcado, es decir, como la forma que abarca a los dos géneros cuando no se quiere especificar ninguno. En «los alumnos entregaron el trabajo» el masculino no afirma que todos sean varones: simplemente no informa sobre el sexo de nadie. La Nueva gramática de la lengua española lo describe como un rasgo estructural del español, no como una convención social reciente.
El informe, aprobado por el pleno de la Academia en enero de 2020 a petición del Gobierno de España, examinaba si la Constitución española debía redactarse con desdoblamientos. Su conclusión fue que el texto constitucional no incurre en discriminación por emplear el masculino genérico y que su modificación sistemática produciría un documento de lectura considerablemente más difícil sin ganancia jurídica alguna.
Es el trabajo titulado «Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer», publicado en 2012 y respaldado por el pleno de la RAE. Analiza nueve guías de lenguaje no sexista difundidas por universidades, sindicatos y administraciones españolas, y sostiene que buena parte de sus recomendaciones resultan inaplicables porque, llevadas al texto real, generan agramaticalidad, ambigüedad o una prosa impracticable.
No. El género es una propiedad gramatical de los sustantivos que rige la concordancia; el sexo es una realidad extralingüística. «La víctima», «la persona» y «el personaje» tienen género fijo con independencia de a quién designen: se dice «la víctima fue un hombre» sin que nadie perciba contradicción. Confundir ambos planos es el origen de casi todos los malentendidos del debate.
No de forma automática. Un corrector profesional distingue entre lo que infringe la norma, lo que perjudica la legibilidad y lo que es una decisión legítima del autor o de la institución. Las formas inclusivas construidas con recursos normativos —colectivos, epicenos, perífrasis, impersonales— no son corregibles: son buena redacción. Lo que sí se señala es la incoherencia interna, la concordancia rota y los signos ajenos al sistema gráfico.
Conviene decidir por adelantado tres cosas y dejarlas escritas en una hoja de estilo: si se admite el desdoblamiento y en qué posiciones del documento, qué fórmulas colectivas sustituirán a los cargos y colectivos recurrentes, y qué se hace en tablas, formularios y encabezados. Sin ese acuerdo previo, la incoherencia aparece hacia la mitad del texto y obliga a rehacerlo entero.

Lo que hay que llevarse

El masculino genérico es un hecho del sistema, no una opinión que se pueda refutar con buenas intenciones. Lo que sí es discutible —y por tanto decidible— es qué hacemos con él en cada texto. Esa decisión pertenece al autor o a la institución que firma, y un corrector la respeta. Lo que un corrector no puede aceptar es que la decisión se tome a medias: un documento con tres sistemas distintos de tratamiento del género no es más inclusivo que otro, solo está peor escrito. Elija, escríbalo en la hoja de estilo y sosténgalo hasta la última página.

Fuentes académicas

Todo lo que este artículo recomienda está recogido en las obras normativas de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española:

  • Nueva gramática de la lengua española (RAE y ASALE, 2009). Descripción del género como categoría gramatical y del masculino como término no marcado.
  • Ortografía de la lengua española (RAE y ASALE, 2010). Condición de la arroba como signo ajeno al sistema lingüístico.
  • Diccionario panhispánico de dudas (RAE y ASALE). Entrada «género», sobre desdoblamientos, concordancia y femeninos de profesiones.
  • Libro de estilo de la lengua española según la norma panhispánica (RAE y ASALE, 2018). Tratamiento de la arroba, la «x» y la «e».
  • «Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer», Ignacio Bosque. Informe avalado por el pleno de la RAE, 2012.
  • Informe sobre el lenguaje inclusivo y cuestiones conexas. Aprobado por el pleno de la RAE en enero de 2020.

Esta serie continúa con si el masculino genérico excluye a las mujeres, cuándo aclaran y cuándo entorpecen los desdoblamientos, tod@s, todxs y todes y la guía práctica para textos institucionales. También puede interesarle la concordancia entre sujeto y verbo y qué es la corrección de estilo.

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