Hay un tipo de marco teórico que se reconoce a los dos párrafos. No está mal escrito —la ortografía es correcta, las citas están puestas, las frases se entienden—, pero se lee como un diccionario:
El Evolucionismo Multilineal plantea que las sociedades…
La Nueva Arqueología concibe la cultura material como…
La taxonomía es el procedimiento para organizar…
Definición, punto, definición, punto. Ninguna frase se apoya en la anterior. El lector avanza sin saber adónde va, porque el texto tampoco lo sabe.
El instinto de quien corrige es añadir conectores. Pero los conectores no arreglan esto, solo lo disimulan. El problema es anterior a la redacción: ese capítulo se construyó en el orden inverso al que correspondía.
Los dos órdenes posibles
Un marco teórico puede escribirse de dos maneras, y la diferencia lo decide todo.
Desde los manuales hacia el tema. El estudiante reúne la bibliografía, la lee, y va resumiendo lo que encuentra. Cada libro aporta sus apartados. El capítulo crece por acumulación: lo que está en el índice es lo que él leyó.
Desde el tema hacia los manuales. El estudiante parte de lo que su investigación va a hacer, deduce qué conceptos necesita para hacerlo, y va a buscarlos a los libros. El capítulo se organiza por necesidad: lo que está en el índice es lo que la tesis va a usar.
El primer orden produce un resumen de lecturas. El segundo, un fundamento. Se parecen en la superficie y no se parecen en nada.
Lo llamativo es que el primero exige más trabajo y da peor resultado: se leen más páginas, se escriben más apartados y el capítulo sostiene menos.
Cinco síntomas medibles
No hace falta ser especialista para diagnosticarlo. Todos los síntomas se cuentan.
Los ejemplos que siguen vienen de un caso real: una tesis de maestría que revisamos este mes. Los datos son suyos; la disciplina y el nombre, no vienen al caso.
1. El mismo concepto explicado tres o cuatro veces
En aquel capítulo, un mismo concepto central tenía cuatro apartados distintos, repartidos a lo largo de treinta páginas. Dos escuelas teóricas aparecían tres veces cada una: primero en un apartado que las resumía todas, después en uno propio, y más adelante en un tercero que volvía a explicarlas.
La causa es mecánica. Si el capítulo se escribe siguiendo los libros y tres libros tratan el mismo concepto, el concepto entra tres veces. Y como entre una y otra median semanas, el autor no lo recuerda.
Cómo detectarlo: haga la lista de los conceptos que trata su capítulo y cuente en cuántos apartados aparece cada uno. Si alguno aparece tres veces, no es énfasis: es repetición.
2. Dos apartados que citan la misma fuente y la misma página
Es la prueba más rápida que conocemos. Si dos apartados distintos citan (Autor, 2010, p. 28), casi con seguridad dicen lo mismo con otras palabras.
En el caso que revisamos, tres pares de apartados compartían cita y página. Uno de ellos abría, además, con la misma frase: «Desde el punto de vista químico, la cerámica resulta de la cocción de la arcilla…». Era el mismo párrafo, escrito dos veces con meses de diferencia.
3. Teoría que no se puede aplicar al objeto de estudio
Este es el síntoma grave, porque un lector experto lo detecta en la defensa.
Aquella tesis estudiaba una colección de piezas sin procedencia documentada: no había excavación, no había coordenadas, no había estratigrafía. Y su marco teórico dedicaba cinco apartados consecutivos a métodos estadísticos de análisis espacial, que necesitan justamente eso: la ubicación georreferenciada de cada hallazgo.
Ninguno de los cinco podía aplicarse. Tampoco los apartados sobre unidades de excavación, ni los dedicados a datación absoluta por carbono 14, que exige muestras en contexto. En total, veintiún apartados sobre teoría inaplicable.
Había incluso un apartado que se descartaba a sí mismo: explicaba un enfoque y terminaba admitiendo que «no corresponde al periodo estudiado».
Un lector puede preguntar en la defensa por qué se expone un método que exige datos que la investigación no tiene. No hay buena respuesta a esa pregunta.
4. Cada apartado se apoya en un solo autor
Aquí se juega el plagio, y conviene decirlo con claridad.
Contamos los autores citados en cada apartado: veintiuno de veintiocho descansaban sobre una única fuente. Había tramos de tres y cuatro apartados seguidos con el mismo autor de principio a fin.
Un apartado que parafrasea a un solo autor de principio a fin no es un marco teórico: es el resumen de un capítulo de su libro. Aunque cada frase esté citada —y por tanto no haya plagio en sentido estricto—, el trabajo intelectual propio es nulo. Y si además la paráfrasis está pegada al original, entonces sí hay un problema serio.
5. Conceptos que se usan pero nunca se definen
El síntoma más revelador, y el que confirma el diagnóstico.
Aquel marco teórico definía con detalle artefacto, atributo, tipo, clase y taxonomía: el vocabulario general que traen todos los manuales. Y no definía en ninguna parte los cuatro conceptos que la tesis iba a usar para hacer su análisis, pese a mencionarlos una y otra vez a lo largo del texto.
Es exactamente lo que produce escribir desde los libros: se define lo que los manuales explican en sus primeros capítulos, y se da por sabido lo que la investigación necesita de verdad.
Cómo detectarlo: escriba la lista de operaciones que hará su investigación —clasificar, comparar, medir, datar, atribuir— y subraye los términos técnicos de cada una. Búsquelos ahora en su marco teórico. ¿Están definidos?
Un sexto síntoma, menor pero constante
El desequilibrio de extensión. En aquel capítulo, el apartado más corto tenía 218 caracteres y el más largo 3.547: dieciséis veces más. Cinco apartados no llegaban a 250 caracteres, que es media docena de líneas.
Un apartado de cinco líneas no es un apartado: es un párrafo que quedó suelto y al que alguien le puso un título.
La prueba que lo decide todo
Cuando revisamos un marco teórico, le hacemos a cada apartado una sola pregunta:
¿Esta teoría o este método se va a aplicar a los datos de mi investigación?
Si la respuesta es no, sobra. Da igual lo interesante que sea, lo bien escrito que esté o lo mucho que costara leerlo.
Es una prueba incómoda, porque obliga a tirar trabajo hecho. En el caso que venimos citando, el capítulo pasó de 57 apartados a 28, y perdió una cuarta parte de su extensión. Ninguno de los eliminados aportaba nada al análisis que venía después.
Conviene además dejar constancia de lo retirado y por qué. El estudiante y su director deben poder revisar cada decisión, y algunas se revierten: puede que el director quiera conservar un apartado por razones que el corrector no conoce.
Cómo se construye en el orden correcto
El procedimiento tiene cuatro pasos y se hace antes de escribir.
Paso 1: escriba lo que su investigación va a hacer
Una lista de operaciones concretas, en verbos. Inventariar. Fotografiar. Clasificar por atributos. Atribuir a una tradición. Datar. Catalogar. Recomendar conservación. Salen de sus objetivos específicos: si no puede escribirla, el problema no es el marco teórico.
Paso 2: deduzca qué conceptos exige cada operación
Para clasificar por atributos hace falta saber qué es un atributo y qué es un tipo. Para atribuir a una tradición hace falta el sistema de clasificación de su disciplina. Para datar sin excavación hace falta un método de datación relativa.
Esa lista de conceptos es el índice de su marco teórico. No lo saque de los libros: sáquelo de su propia investigación.
Paso 3: agrupe en bloques
Cuatro o cinco, de lo general a lo particular: el paradigma desde el que mira, los conceptos con los que clasifica, el material que estudia, el método con que lo registra. Cada bloque prepara al siguiente.
Si le salen quince apartados a un mismo nivel, no ha agrupado. Si le salen cincuenta, ha vuelto al orden inverso.
Paso 4: ahora sí, vaya a los libros
Con el índice hecho, la lectura cambia de naturaleza: ya no lee para resumir, lee para responder preguntas concretas. Y descubrirá algo incómodo y útil a la vez —los libros que necesita suelen ser los que ya tenía, solo que hay que leerles otros capítulos.
Un dato del caso real: de los conceptos que faltaban, casi todos podían escribirse con libros que el estudiante ya citaba en su bibliografía. El problema no era falta de fuentes: era haber extraído de ellas los capítulos generales en lugar de los que su investigación necesitaba.
Cómo escribir un párrafo propio a partir de las fuentes
Resuelto el índice, queda la escritura. Y aquí está la frontera del plagio.
Lo que no es parafrasear
- Copiar la frase del autor cambiando dos palabras por sinónimos.
- Reproducir la estructura expositiva del manual, en su mismo orden.
- Encadenar paráfrasis de un solo autor, párrafo tras párrafo.
Las tres cosas dejan rastro. La primera y la segunda las detecta cualquier lector que conozca la fuente; la tercera se ve sola, porque la cita se repite.
El procedimiento que funciona
- Lea dos o tres fuentes sobre el mismo punto, no una.
- Cierre los libros. Este paso es el que casi nadie hace y el que lo cambia todo: con el libro abierto delante es casi imposible no calcar su sintaxis.
- Escriba con sus palabras qué dicen y en qué difieren. La diferencia entre dos autores es contenido propio: es análisis, no resumen.
- Cite cada idea ajena, con autor, año y página. Parafrasear exime de las comillas, no de la cita.
- Cierre relacionando el punto con su investigación, aunque sea en media frase.
La estructura de un párrafo que sostiene
| Parte | Función |
|---|---|
| Oración temática | La afirmación del párrafo, en la voz del autor de la tesis |
| Desarrollo | Evidencia y matices tomados de las fuentes, con su cita |
| Cierre o enlace | La consecuencia, o el puente hacia el párrafo siguiente |
Dos reglas prácticas: un párrafo, una idea —si al resumirlo necesita la palabra «y» dos veces, va partido—; y si tiene menos de tres líneas, o le falta desarrollo o pertenece al párrafo anterior.
Los conectores vienen al final, no al principio
Con el índice ordenado y los párrafos construidos, entonces sí toca coser el texto. Y es rápido, porque ahora hay algo que coser.
Los conectores se ponen en tres sitios: entre bloques temáticos, entre párrafos sucesivos de un mismo apartado, y al abrir un apartado cuyo título no explica por sí solo por qué viene ahí.
| Función | Conectores |
|---|---|
| Añadir | asimismo · además · a ello se suma · junto a lo anterior |
| Contrastar | por su parte · en cambio · frente a esto · en una dirección distinta |
| Consecuencia | por tanto · en consecuencia · de ahí que · esto explica que |
| Ordenar | en primer lugar · a continuación · por último · una vez establecido |
| Ejemplificar | así · en concreto · es el caso de · en términos operativos |
| Cerrar | en síntesis · lo anterior muestra que · de todo ello se desprende |
Dos advertencias. No repita fórmula: cuatro «asimismo» en dos páginas cansan más que la ausencia de conectores. Y desconfíe del falso conector —«cabe destacar», «es importante señalar», «en este sentido»—: no conectan nada. Si al quitarlos la frase no pierde información, sobraban.
Cómo debe cerrar el capítulo
Un marco teórico no termina con un resumen de lo dicho. Termina declarando qué herramientas quedaron seleccionadas y para qué se usarán en el análisis.
Es un párrafo corto y hace un trabajo doble: cierra el capítulo y abre el siguiente. Si al escribirlo descubre que menciona apartados que después no va a usar, acaba de encontrar más contenido para retirar.
Lista de comprobación
- ¿Puedo ubicar cada párrafo en un apartado de mi bosquejo?
- ¿Cada apartado responde a una operación concreta de mi investigación?
- ¿Hay algún concepto tratado en más de un apartado?
- ¿Hay dos apartados que citen la misma fuente y la misma página?
- ¿Algún apartado descansa en un solo autor de principio a fin?
- ¿Están definidos todos los términos técnicos que usaré en el análisis?
- ¿Hay apartados de menos de diez líneas que deberían ser párrafos?
- ¿Los bloques están agrupados de lo general a lo particular?
- ¿El cierre declara qué herramientas se seleccionaron?
En resumen
Un marco teórico que se lee como un glosario no tiene un problema de estilo. Tiene un problema de origen: se construyó desde los libros hacia el tema, cuando debía construirse desde el tema hacia los libros.
La buena noticia es que el diagnóstico es objetivo. Cuente conceptos repetidos, citas duplicadas, autores por apartado y términos usados sin definir. Los números le dirán en qué orden se escribió su capítulo, y la prueba de pertinencia le dirá qué conservar.
Si ya tiene el capítulo escrito y sospecha que le pasa esto, escríbanos: hacemos el diagnóstico completo —apartado por apartado, con las cifras— y le decimos qué se funde, qué se retira y qué falta por escribir.